Eva supone uno de los primeros brotes de lo que puede suponer la apertura a un género que ha dado mucho miedo realizar a la industria española, la ciencia ficción. Kike Maillo, que viene de la Escuela superior de Cine y Audiovisuales de Catalunya (ESCAC) empieza fuerte con su primer largometraje.
En un entorno blanco, filmado entre Suiza y Huesca con los problemas técnicos que ello supone, una historia arriesgada sobre máquinas y emociones, una niña en uno de los papeles principales, son algunas de las cuestiones que ha tenido que superar el primerizo director.
La historia se plantea en un futuro indeterminado pero no demasiado alejado, en una pequeña ciudad que alberga la universidad de robótica. Tras 10 años de ausencia Alex (Daniel Brühl) regresa para recuperar un antiguo proyecto inacabado y de paso reencontrarse con Lana (Marta Etura), su antigua pareja y compañera de trabajo y su hermano David (Alberto Ammann), ahora ellos dos están casados. A partir de ahí las relaciones más humanas se mezclan en lo cotidiano con todo tipo de máquinas, algunas de ellas en forma y modo humano.
No es una crítica a la sustitución de las máquinas por los seres humanos, el director afirma, “la máquina ya está sustituyendo a los seres humanos, lo que pasa es que algún día será en el plano social, se trata de cómo podemos llegar a creernos el artificio, hay gente enamorada de su Iphone”
La ciencia ficción que se plantea es cálida, a pesar de la constante nieve, con ambientes muy hogareños y un vestuario repleto de lanas y felpas, lo que pretendía Kike Maillo, “No quería un futuro frío, sino algo más cálido, también con la intención de acercar el género al público femenino”
El enfoque es descubrir las emociones de las personas al tratar con robots, los sentimientos que se derivan de las relaciones y convivencias con ellos, con los de metal y cableado. No se para tanto a reflexionar sobre la propia existencia de los robots y su autoconsciencia, como otras películas como Inteligencia artificial o Blade Runner.
En definitiva, Eva es una película tranquila, de relato calmado, a lo que contribuyen los actores. Tiene picos de humor, que nos hablan de humanidad, a pesar de ser un drama ambientado en un escenario futurista retro.
Es ligera pero intensa, descargada de asfixiantes escenarios metálicos como suele ser habitual en el género.
Una historia emotiva, dramática y sorprendente que merece la pena no perderse.